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La sincronicidad en los viajes y la migración parte I

La sincronicidad es un concepto acuñado por el psiquiatra suizo Carl Jung referido a casualidades significativas entre aspectos de nuestro mundo interior subjetivo con acontecimientos externos.

Es un planteamiento que pretende dar cuenta de aquellos fenómenos que ocurren de manera simultánea en el tiempo y que no guardan una relación de causa y efecto sino de significado. Se resalta además que estas situaciones generan asombro o conmoción en las personas que las experimentan.

Los fenómenos a los que apunta la sincronicidad han sido interpretados y nombrados de diversas maneras. Desde una perspectiva eminentemente racional son considerados casualidades azarosas sin trasfondo alguno. Algunas personas interpretan estas situaciones como la fuerza del destino o aquello que necesitamos vivir para madurar o aprender.

Por su parte los aspectos más extraordinarios o llamativos de la sincronicidad han sido catalogados como experiencias extrasensoriales tales como: premoniciones, telepatía, psicoquinesis, visión remota entre otras.

Al parecer en los viajes o en los procesos migratorios -por los motivos que se describen más adelante- la sincronicidad puede llegar a manifestarse de manera más intensa. El análisis de lo anterior expuesto con experiencias de sincronicidades narradas por viajeros o personas que han realizado un proceso migratorio es el objetivo del presente escrito.

Tipos de sincronicidad

Jung describe tres categorías de sincronicidad:

La coincidencia entre un contenido mental, que puede ser un pensamiento, un sentimiento o un sueño, con un acontecimiento externo (se recibe una llamada de una persona en la que se estaba pensando).

La coincidencia entre una visión interna y un suceso que sucede lejos de allí (soñar con un accidente o la muerte de una persona que en realidad le está sucediendo tal cosa).

La imagen de algún suceso que posteriormente acontece en el futuro (las premoniciones)

Se resalta que las imágenes o contenidos mentales no necesariamente se presentan de manera literal sino que pueden manifestarse de manera simbólica.

Entre la psicología y la física

El concepto de sincronicidad es fruto de la colaboración de Jung con el premio Nobel de Física Wolfgang Pauli y pretende ser una aproximación comprensiva a la interrelación entre el mundo físico y el psíquico.

Sobre dicha interrelación ha dado cuenta de manera experimental la física cuántica desde principios del siglo pasado derrumbando muchas de las premisas sostenidas por la lógica cartesiana, materialista y binaria predominante en occidente desde la ilustración.

La lógica materialista y positivista , que es el fundamento de nuestras creencias contemporáneas, descarta las sincronicidades como simples casualidades azarosas a las cuales no hay que prestarles atención alguna. Teniendo en cuenta lo anterior Jung acudió entonces al llamado pensamiento oriental para darle fundamento a sus investigaciones.

De la causa al significado: el pensamiento oriental


Un elemento característico del llamado pensamiento oriental es que al suceder un fenómeno no solo surge el cuestionamiento por la causa originaria de dicho fenómeno, tal como hacemos predominantemente en occidente, sino que se pregunta además por las relaciones de significado, esto es, por la cualidad del momento especifico en el que ocurre determinado suceso.

Así, en occidente, al suceder algo nos preguntamos ¿que produjo este fenómeno? mientras que en oriente el cuestionamiento sería ¿que otros fenómenos pueden estar sucediendo a la vez que se produce este? Este matiz en la comprensión del funcionamiento del universo es fundamental para comprender la esencia de la sincronicidad.

El significado y lo cualitativo de los fenómenos hace alusión a la atención de los aspectos que se encuentran más allá de lo visible, de la materialidad y la literalidad. Tienen que ver con la apertura y sensibilidad al mundo de lo imaginario y la fantasía; ámbito al que se puede acceder a partir de las analogías y lo simbólico.

Lo simbólico es entendido en este contexto como aquello que nos vincula, que nos sirve de puente, con lo inefable operante en nuestro mundo cotidiano. Con aquellos aspectos que trascienden lo racional sin por ello considerárseles equivocados o faltos de sentido.

El principio subyacente

La pregunta por la cualidad del momento es pertinente para el pensamiento oriental ya que desde esta perspectiva se considera que el universo se comporta como una unidad o totalidad en la que todos los elementos que le componen se encuentran en íntima relación.


Se asume entonces que en cada elemento se encuentra implícita la totalidad y que esta última se manifiesta como un principio subyacente, inefable y misterioso que opera en todo lo manifestado.

Se considera que este principio subyacente es portador de armonía y sentido, y es además origen y motor de todo lo visible. Dicha noción ha estado presente con diferentes vestiduras en diversas filosofías y cosmovisiones. Se le ha denominado Tao, Logos, Sentido y con características similares es el fundamento de las principales religiones orientales como el Taoísmo, el Budismo, el Hinduismo o el Zen.

Este principio guarda semejanzas con el planteamiento del físico David Bohn de la existencia de un orden implicado que subyace a la realidad desplegada. El anterior planteamiento es solo uno de los diversos paralelismos que es posible encontrar entre la física cuántica y el pensamiento oriental.

La sincronicidad puede ser entendida como una manifestación observable del principio subyacente en nuestra vida.

El inconsciente colectivo y los arquetipos

Jung recurre al término Unus Mundus del filósofo presocrático Heráclito para hacer referencia a este principio unificador que se encuentra de manera implícita en su planteamiento del inconsciente colectivo.

El inconsciente colectivo se puede entender como aquella “alma del mundo” de la que emergen lo patrones simbólicos presentes en la mitologías de todos los pueblos y que se constituyen en tipos o modelos de experiencia. A estos patrones de actuaciones típicas Jung los denominó arquetipos

La sincronicidad para Jung puede ser la manifestación de un arquetipo constelado, esto es, un modo en que el alma colectiva incide en nuestra vida, promoviendo alguna vivencia, alguna perspectiva.

El proceso de individuación y el viaje del héroe

Para Jung, el principio subyacente, origen y motor de todo lo manifestado, se puede entender como una energía o fuerza impersonal a la que denomino libido.


Jung se percató que el despliegue de esta energía psíquica se ha expresado en la imaginería universal a través de las historias de los héroes viajeros que es posible encontrar en todas las culturas.

Para Jung, la travesía arquetípica del héroe que abandona su mundo conocido, desafía diferentes obstáculos, se enfrenta con la muerte, consigue un tesoro y regresa para transformar su mundo; puede ser considerado como una expresión del viaje interno al que todos estamos convocados.

El viaje del héroe representa y expresa nuestro anhelo de totalidad, de desarrollar y desplegar nuestra singularidad, nuestra mayor autenticidad.

Las primeras formas de viaje fueron las peregrinaciones a los lugares sagrados y aun hoy nuestros viajes pueden considerarse como una búsqueda de trascendencia y autenticidad que proyectamos en los lugares que visitamos.

A partir de las premisas aportadas por Jung, el mitólogo Joshep Camphel consiguió identificar 17 etapas que suelen estar presentantes en las historias de héroes de diferentes pueblos y lugares. Estas etapas pueden considerarse como situaciones típicas a las que nos vemos expuestos todos los individuos como parte del desarrollo psíquico inherente a nuestro paso por la vida. Desarrollo que Jung denomino proceso de individuación.

Los viajes: ¿momentos propicios para las sincronicidades?

Jung observo que los fenómenos sincronísticos estaban relacionados con momentos de gran afectividad. Es por esto que suelen presentarse en momentos de transición como: muertes, enamoramiento, situaciones en la que estamos en contradicción con nosotros mismos o en una disyuntiva ante una decisión fundamental.

También pueden ser catalizados por la afectividad exaltada en una psicoterapia, y en estados alterados de conciencia generados por elementos naturales como la meditación o como efecto de sustancias químicas.

Los viajes y los procesos migratorios pueden ser momentos propicios para las sincronicidades por los motivos que se describen a continuación.

La ayuda sobrenatural o el encuentro con el maestro

En ocasiones los viajes o los procesos migratorios lo realizamos motivados por una situación de crisis o estancamiento que nos impulsa a buscan nuevos aires. Estos momentos de desconcierto suelen ser propicios para las sincronicidades y se expresan como algo inesperado que nos induce a tomar la decisión para realizar ese viaje. Es posible también que las sincronicidades se expresen como las múltiples circunstancias que faciliten el que se pueda dar aquella transición que anhelamos.

Para Campbell la primera etapa del viaje de autorrealización del héroe es el mundo conocido u ordinario. Dicho mundo le resulta al héroe asfixiante o demasiado estrecho anhelando una vida más auténtica y satisfactoria. Se recibe entonces la llamada para la aventura y el héroe suele recibir la ayuda oportuna de alguna fuerza sobrenatural como enviada por la madre naturaleza o el aspecto femenino de la creación.

Esta ayuda suele  ser representada en las historias o peliculas como un animal, una figura femenina y maternal que intercede por ayuda o también como un viejo benigno y protector.

El arquetipo del sabio-tonto

Las sincronicidades suelen emerger cuando salimos del mundo ordinario de la razón y nos sumergimos en el ámbito de lo simbólico y lo imaginario. 

En los viajes y los procesos migratorios las circunstancias nos descolocan, nos sentimos torpes porque nuestros modos habituales de ser y de actuar resultan inapropiados. 

Lo que nos parecía lógico, “natural” o racional deja de serlo. Entramos en una especie de estado alterado de conciencia que se constituye en una apertura a la manifestación de sincronicidades, cuando nuestros esquemas habituales se derrumban y son las circunstancias las que nos propone el camino.

El descolocamiento y torpeza concomitante a los viajes y a los procesos migratorios nos convocan a experimentar lo que en la mitología y literatura comparada se ha denominado como el arquetipo del tonto sabio, el trickster, el bufón, el loco o el payaso sagrado. A este arquetipo se le ha relacionado ampliamente con la emergencia de las sincronicidades.

En la cultura popular dicho arquetipo tubo un lugar preminente durante la edad media, época en la que es posible encontrar diversas historias en las que gracias a un loco, un duende tramposo o un tonto se encuentra la solución a una dificultad apremiante o se resuelve un enigma que no se había podido responder por las vías habituales.

Uno de los pilares del arquetipo es que la torpeza o la locura brindan acceso a un ámbito de la existencia que es inasible desde la racionalidad y la formalidad. En el arquetipo se visibiliza una dualidad paradójica entre tontería y lucidez. El Quijote y Pulgarcito son algunas de las historias populares en los que el papel del tonto sabio es preponderante.

Este arquetipo está relacionado con lo inesperado, con la aventura, con lo incierto, con la ambigüedad, las trampas, con la risa, el hedonismo, el juego, el comercio, lo irracional, la creatividad y la imaginación; también con el caos del que emerge un nuevo orden, con lo anárquico, los inicios, el traspasar fronteras y salir de los convencionalismos, con la irreverencia, con los vagabundos, con los locos y por su puesto con los viajeros y los viajes en los que en algunas ocasiones pueden llegar a confluir muchos de los aspectos anteriores.

Los viajes y la migración como liminalidad

El concepto de liminalidad está referido a una zona intermedia, un umbral, un estado en el que todavía no se es y aun no se ha dejado de ser. Dichos momentos de transito como los cruces de camino, el alba, el ocaso, los cambios de estaciones, la media noche o la noche de fin de año, han sido considerados tradicionalmente como instantes mágicos en los que se abre una compuerta al mundo de lo inefable y misterioso que opera en nuestro mundo cotidiano.

Los procesos migratorios pueden considerarse estados crónicos de tránsito, de interinidad. A pesar de llevar muchos años en algún lugar se nos percibe en una especie de inestabilidad perpetua; siempre como los de afuera, los que no acaban nunca de pertenecer.

Los viajes por su parte son un movimiento entre un lugar y otro, entre la salida y la llegada. Por este carácter liminal de los viajes y la migración pueden ser entonces considerados como proclives para la emergencia de sincronicidades.

El que viene del otro mundo

EL extranjero, es el extraño, el que proviene de más allá de la frontera. Cuando estamos en un lugar foráneo encarnamos de cierta manera el arquetipo del alienígena, del invasor, aquel  que posee una condición sobre natural que puede ser tanto salvífica como destructiva. El ser pantalla de la proyección de arquetipo de "el que viene del otro mundo" nos posibilita transitar y acceder al ámbito del que provienen las sincronicidades.

La belleza como acceso a lo inefable

La búsqueda del placer que nos proporciona la contemplación de la belleza en paisajes, construcciones y objetos que visitamos es una de las grandes motivaciones para emprender nuestros viajes.


Desde la antigüedad se le ha atribuido a la belleza la capacidad de ser mediadora entre el individuo y lo sagrado. Gracias a sus efectos embriagadores, la contemplación de la belleza puede generar una especie de trance que permite la percepción intuitiva y simbólica de otros ámbitos de la existencia que discurren más allá de lo racional y lo conceptual.

El impacto de la belleza puede ser tan contundente que incluso se ha descrito un trastorno relacionado. El síndrome de Stendhal o de Florencia: un conjunto de síntomas psicosomáticos (elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión, temblor, palpitaciones) como respuesta a una elevada exposición de belleza artística.

Al encuentro profundo con la belleza se le atribuye entonces una función reveladora constituyéndose así como un potencializador de la dimensión iniciática y transformadora de los viajes, así como de la emergencia de sincronicidades.

En la segunda parte del escrito se ejemplifican diferentes aspectos de la sincronicidad a partir de las narraciones de experiencias relacionadas aportadas por viajeros o personas que han realizado un proceso migratorio.  Se describe la manera como son interpretadas las situaciones de sincronicidad en las personas que las experimentan;  y se plantean algunas diferencias relevantes entre la sincronicidad y el llamado pensamiento positivo, la ley de la atracción, “el secreto” etc.

Si deseas aportar alguna experiencia de sincronicidad o asegurarte de recibir la segunda parte del escrito me puedes escribir a

psiquedaniel@gmail.com

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